Debo confesar que tenía mis prejuicios con la atención de personas de modo virtual. He tenido experiencia en atender pacientes por teléfono e incluso por videollamada en situaciones fuera de lo habitual (como en emergencias durante vacaciones); más aún he continuado tratamientos online pero habiendo conocido a las personas de manera presencial previamente.
La pandemia de Covid-19 nos ha obligado a adaptarnos y, gran parte de mi adaptación laboral se relaciona con la virtualidad. No puedo decir que sucede “lo mismo” que en una entrevista presencial: el otro día una paciente lloraba durante una entrevista virtual y yo no hubiera dudado un segundo en alcanzarle los pañuelos e inclusive un vaso de agua de haber compartido el espacio físico. Me conformo con el gesto de mostrarle mis pañuelos, proponerle que busque los suyos, y, de paso, un vaso de agua. Me sigue costando eso. Sin embargo, pienso en mi práctica profesional y veo cómo el mundo se acerca. Pacientes con los que era realmente difícil combinar un horario, se han acomodado mucho mejor a la terapia online. He podido trabajar muy espontáneamente con miembros de la familia de mis pacientes, conocer sus casas y oficinas, sus mascotas e inclusive conocer parte de su historia por medio de su caja de recuerdos por estar ahí, disponibles. En la terapia online hay acceso directo a aspectos que en el consultorio presencial deben ser verbalizados por los pacientes.
Hay algunos problemas psicológicos que son muy complicados de manejar con teleterapia. Por ejemplo, para las personas que tienen crisis severas y/o ideación suicida; de haber opciones presenciales es más recomendable con un plan acorde a su sufrimiento. Asimismo, si pienso en algunos desórdenes psicológicos es importante ver a la persona “entera”. Por ejemplo, no es lo mismo que alguien manifieste “sentirse gordo” teniendo sobrepeso que con un cuerpo promedio o con bajo peso. Hay información sensorial de la que carecemos cuando dejamos de ver el cuerpo entero de los pacientes y, muchas veces, es necesaria para realizar diagnóstico. En pos de la adaptación a este nuevo canal, suelo preguntar acerca de lo que en la presencialidad se observa espontáneamente.
La terapia online requiere de un espacio íntimo que no sólo se refiere al espacio físico sino a poder tomar distancia del trabajo o los avatares de la vida diaria. En una magnífica entrevista Esther Perel (1) hace referencia a cómo la pandemia nos confronta con tener que delimitar espacios dado que todo: ser empleado, hijo, padre, amigo, consumidor, etc.; se realiza desde la misma silla. Muy ilustrativamente plantea que lo que separa un espacio y un rol de otro es el botón de mute del dispositivo. En sesiones online es importante hacerse el espacio bloqueando notificaciones que “irrumpen” en la entrevista. Este proceso ya lo hemos atravesado antes, tanto pacientes como terapeutas, con la incorporación del teléfono celular a nuestras vidas y, consecuentemente, las notificaciones de este. También, las interrupciones en persona son mucho más difíciles de evitar en un espacio de terapia online, justamente, por “estar aquí” y no “estar allí”: niños que preguntan cosas triviales porque los padres están presentes, el correo que entrega documentación que precisa recepción o la entrega del supermercado forman parte del nuevo folklore de la terapia.
A veces, hago un tour por el consultorio para mostrarles a los pacientes cómo es el lugar desde donde son atendidos dado que la privacidad y la confidencialidad son aspectos de mucha consideración cuando se realiza teleterapia.
Quién puede darnos un severo dolor de cabeza realizando terapia online es el proveedor de internet. Hay días en donde la dependencia de la tecnología se da por hecha y las sesiones fluyen sin problema y otros en los que hacemos malabares, pacientes y terapeutas, para que el encuentro salga a flote y hasta jugamos con metáforas, incluyendo este tipo de desperfectos en la tarea psicoterapéutica.
La teleterapia me ha hecho cambiar aspectos muy arraigados de mi trabajo. Hasta la pandemia si una persona me llamaba para solicitar un turno inmediatamente pensaba para cuál de los dos consultorios de acuerdo a la zona de residencia o laboral. Ese no es un aspecto relevante si las personas solicitan teleterapia. También la posibilidad de atender personas de modo remoto trascendió las fronteras. Existen cuestiones de beneficio económico mutuo de realizar psicoterapia con un terapeuta argentino para las personas que viven en el extranjero dado el tipo de cambio. También, aspectos relacionados con la lengua madre y la facilidad para verbalizar aspectos emocionales. Lo que a mí más me gusta es escenificar en mi mente distintas realidades en función de dónde se encuentran las personas. Y ese es un plus que tiene la teleterapia.
La pandemia nos obligó a todos a acomodarnos y cada una de las opciones tiene costos y beneficios. Es importante poder adaptarnos a lo que nos toca, poder elegir qué es mejor para cada uno en un momento en particular porque hay épocas, como durante la pandemia, en las que no tenemos opción.
Nicole Harf (Noviembre 2022)
(1) “How to welcome surprise and mystery into your post-pandemic life” TED Talks Daily, 7 abril 2021, Esther Perel (forma parte de una conversación con Helen Walters grabada en febrero de 2021).